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Cómo acompañar a una persona con depresión

Cuando alguien cercano a nosotros sufre de depresión, es probable que pasemos por una serie de emociones como preocupación, tristeza, enojo, frustración o confusión, sobre todo si queremos ayudar y no sabemos muy bien qué hacer.


La depresión no solo afecta a quien la vive; también impacta a su entorno. Y aunque acompañar no es fácil, sí es posible aprender formas más cuidadosas, respetuosas y realmente útiles de estar presentes.


Lo primero es entender qué es (y qué no es) la depresión. La depresión no es pereza, falta de voluntad ni una actitud negativa. Es una condición de salud mental real y ampliamente estudiada que puede afectar la vida cotidiana de quien la padece. Su estado de ánimo, energía, motivación, capacidad de disfrute, sueño, apetito, concentración y habilidad para tomar decisiones cambian por completo, haciendo que vivir el día a día sea agotador en todos los sentidos.


Muchas veces la persona quiere estar mejor, pero no puede simplemente “echarle ganas” de la forma en que otros esperan que lo haga.
Estar mal duele, y quien siente ese dolor es el primero que quiere deshacerse de él.


¿Si eres familiar o amigo, cómo puedes ayudar?


1. Escuchar más y aconsejar menos
Cuando alguien está deprimido, suele recibir muchos consejos no solicitados y, aunque nacen de buenas intenciones, lo que más ayuda es escuchar sin interrumpir, validar el malestar y evitar dar soluciones rápidas. No necesitas tener la respuesta a todos los problemas; solo con escuchar ya estás brindando sostén.

2. Estar disponible sin presionar.
Acompañar no es empujar, es ofrecer presencia sin exigir. Es poder decir: “Aquí estoy si quieres hablar”, “No tienes que explicarme nada, solo quería saber cómo estás”. Y también es descartar frases como: “Tienes que salir”, “Otros están peor”, “Antes no eras así”. Probablemente esta persona ya sabe todo eso, pero no hace una diferencia.

3. Ayudar en tareas cotidianas
A veces, lo más difícil son las tareas básicas. Ofrecer ayuda concreta puede ser más útil que un “avísame si necesitas algo”: acompañar a una cita médica, cocinar o llevar comida, ayudar con trámites o compras, colaborar en la limpieza del cuarto o la casa. Cualquier cosa que reduzca la carga mental es valiosa. No se trata de hacerlo todo, pero los pequeños apoyos tienen mucho valor.

4. No tomarse el rechazo como algo personal.
Es frecuente que la persona con depresión no responda mensajes, se muestre distante, cancele planos o se aísle completamente. Esto no significa falta de cariño o amor. La depresión muchas veces reduce la energía emocional y social y el cansancio físico es real.
Un mensaje breve como: “No pasa nada si hoy no puedes, sigue aquí”, puede marcar una diferencia significativa.

5. Incentivar la ayuda profesional sin imponerla
Puedes decir algo como: “He notado que esto te está pesando mucho, ¿has pensado en hablar con un profesional?”, siempre evitando amenazas o ultimátums ya que condicionar la interacción de esa manera suele provocar que la persona se aleje y sea menos probable que busque ayuda.
El acompañamiento terapéutico no sustituye al apoyo familiar y de amistades.


No necesitas hacerlo perfecto. 
Acompañar a alguien con depresión es muchas veces, quedarse cuando no hay palabras, sostener cuando no hay soluciones y respetar cuando no hay fuerzas.
Si acompañas a alguien con depresión como familiar o como amigo, procura también cuidarte. No es egoísmo: es poder respirar, regularte, despejarte y descansar para poder estar.

Te recomiendo libros sobre el tema:

La depresión (no) existe, de Juan Carlos Rincón Escalante y Celia Ramos
De una manera muy clara ya veces sarcástica, se explica qué deberíamos y qué no deberíamos hacer cuando nos relacionamos con una persona con depresión. Cada capítulo está titulado con frases clásicas que suelen decirse pero que no ayudan, y es una invitación a comprender mejor lo que le pasa a quien está deprimido, cómo se siente y cómo impactan nuestras palabras y actitudes cuando no nos detenemos a pensar en una forma más cuidadosa de sostener.

El demonio de la depresión: un atlas de la enfermedad, de Andrew Solomon
Este libro explica de manera muy detallada lo que significa tener depresión, tanto desde la experiencia personal del autor como desde la ciencia, la cultura y la historia. Habla de diversos tratamientos y, aunque hoy existen más enfoques para abordarla, proporciona una base sólida para entenderla sin recurrir directamente a manuales clínicos.

Comunicación compasiva: cómo remediar las relaciones difíciles, de Corrine R. Stoesand


Una parte importante de acompañar y de poder estar para el otro es la empatía, y no siempre sabemos cómo ser empáticos o cómo validar las emociones de los demás (o las propias). Aunque este libro no es directamente sobre depresión, lo recomiendo porque ofrece herramientas para estar presentes de una manera más efectiva, procurando no hacer daño ni hacerse daño en el camino.

 

Por: Margarita Isabel Cuadra Hayes
Psicóloga Clínica 

https://margaritacuadrapsy.com/
 

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